Sólo se cambia desde el amor

Este último año he desaparecido. Había desaparecido hasta para mí misma. Me he dedicado a observar la vida pasar, a auto lamentarme, por supuesto, a comer fatal y a volver a no ser consciente de que mi realidad sólo puedo cambiarla YO.

Por circunstancias que no sólo tenían que ver con mi salud, caí en un pozo bastante profundo, y llevo unos cuantos meses trabajando para salir de él.

Creo que a muchas mujeres con SOP nos pasan estas cosas de vez en cuando. Y creo que está relacionado con la falta de autoestima que nos inducen nuestros “síntomas SOP” (los ya consabidos sobrepeso, hirsutismo, alopecia, infertilidad, acné, etc. etc.) porque esos síntomas atacan a la mujer en su misma esencia: la feminidad, la sensualidad y la auto concepción de una misma.

Tener baja autoestima hace que seamos tendentes a culparnos de las cosas, a pensar que los demás (sean hombres o mujeres) son mejores, más interesantes y que se merecen cosas mejores que nosotras, y a olvidarnos a nosotras mismas, a dejarnos metidas en un cajón, e incluso, a veces, a dejarnos pisotear sin encontrar herramientas para defendernos.

No estoy diciendo que a todas las que padecemos SOP nos pase. Me pasa a mí, y creo que en gran medida está inducido por el SOP, y por eso creo que a muchas que lleguéis a este blog puede pasaros lo mismo. Pero siempre hay excepciones.

Así que he estado indagando si esa situación de baja auto estima puede revertirse o mejorarse de alguna manera, y he encontrado que sí. He encontrado e interiorizado herramientas con las que veo definitivamente que esa baja autoestima es algo creado por mí misma, algo postizo, que no forma parte de mi esencia. Sólo que estoy tan acostumbrada a esa concepción de mí que parece que soy yo misma. Pero yo soy una esencia maravillosa y mucho más elevada que todo eso, que el síndrome metabólico, que el SOP y que cualquier pensamiento negativo y limitante.

Sólo me faltaba una cosa para terminar de comprenderlo: que no se puede cambiar desde el odio. Sólo se puede cambiar desde el amor.

Es bien simple de comprender. Aplicado a mi caso, toda la vida he seguido este hilo argumental: “como odio mi cuerpo (y me odio a mí misma) voy a comer mejor para ver si cambio mi cuerpo y entonces podré quererme”. Obviamente esto siempre me llevaba al fracaso: quien se odia antes o después vuelve a castigarse con conductas autodestructivas. Pero recientemente he llegado a la comprensión de que el hilo argumental estaba equivocado, porque sólo puedo cambiar desde el amor a mí: “como me amo y sólo deseo el bien para mí, voy a comer mejor para procurarme una mejor salud, para cuidar de mí, porque me amo y si me amo sólo puedo favorecerme”… Y este camino sí encuentro que da sus frutos.

Porque el odio destruye: me destruía comiendo. Pero el amor siembra, el amor construye, el amor cuida.

¿Cómo conseguir ese cambio de perspectiva? Poco a poco iré trasmitiendo todo lo que he aprendido del universo y de la vida durante este último tiempo.

Picos y valles

Últimamente he tenido un poco abandonado el blog. Después de la euforia del mes pasado con la llegada de la regla (pico) estoy atravesando unos duros días de preocupación (valle). Ya tendría que haberme vuelto a venir y, obviamente, no ha sido así. Sé que no puedo exigir que ya venga puntual pero, bueno, la esperanza siempre está ahí. De todas formas es normal porque este último mes no he comido nada bien.

No comer bien tiene un doble efecto nocivo: el perjudicar directamente nuestra salud, y el hacernos sentir débiles e infelices (y de paso hinchadas y mal con nuestro cuerpo).

Pero afortunadamente, después de un largo y profundo valle suele venir el inicio de una nueva montaña, que una vez se comienza a subir no hay vuelta atrás. Y ese primer paso hacia un nuevo pico lo di la semana pasada apuntándome al gimnasio.

Lo sé, qué socorrido, ¿no? Ya he dicho en alguna ocasión que el deporte no es decisivo en nuestra mejoría de la enfermedad. Lo decisivo es la alimentación. No obstante, el deporte es beneficioso para todo el mundo: pone en funcionamiento nuestro cuerpo, acelera el corazón y el bombeo se sangre, los músculos se despiertan del entumecimiento diario. Y lo principal es que nos ayuda a quemar la glucosa que anda ociosa en nuestra sangre elevando la insulina que tanto nos perjudica.

Y el sudor hace que sientas que algo sí está funcionando bien.

Yo hago spinning y natación. Ya he ido tres veces. Fui durante un año seguido hace mucho tiempo y me ayudó mucho. El ejercicio acompañado de una dieta baja en hidratos de carbono es una combinación perfecta para nosotras. Lo que suele ocurrir es que, por nuestro metabolismo desordenado, tendemos a ser dormilonas, perezosas, laxas y con pocas facultades para el deporte, ¿es tu caso? Desde luego es el mío, pero no hay nada imposible cuando se coge una rutina y se empiezan a ver resultados positivos. No vamos a ser un nuevo Induráin, pero sí es recomendable elevar en lo posible nuestro movimiento físico habitual.  Cada cual que busque qué tipo de ejercicio le va mejor, siempre buscando ejercicios cardiovasculares y no sólo de musculación (es decir: acelerar las pulsaciones y sudar).

Ya sé que lo de “hacer ejercicio” es el eterno handicap. No pasa nada si no lo haces, sé que cuesta muchísimo. Incluso no es necesario meterse a hacer spinning o largas sesiones de aerobic: quizá baste con un paseo de una hora varias veces a la semana. Aunque la clave está en la alimentación, sí creo conveniente (por si no fuera suficiente) hacer cualquier actividad que acelere las pulsaciones un poquito por encima de nuestro ritmo habitual.

Como siempre me despido dando a todas las gracias por leerme y por vuestros comentarios (que son cada vez más) cn los que me decís cosas muy bonitas y que, de verdad, siempre me ponen una sonrisa en los labios. Un abrazo.

¡Y premio!

Sí señor, tengo la regla por segunda vez en menos de un año. Es un desastre, está claro, pero para mí es toda una victoria, un 10, el lugar más alto de podio, un auténtico logro. Nunca la había tenido tan seguida. Ahora, a esperar a que la próxima venga aún más pronto.

Esta vez esos síntomas pre-menstruales no han sido inventados por mi cabecita dando vueltas todo el día: eran reales, como escribí en el último post, aunque la verdad es que anoche me acosté muy triste porque habían pasado ya muchos días y aún no había ocurrido nada. Y esta mañana, ¡premio!

Esto me reafirma en la idea de que voy por el camino correcto: acupuntura, homeopatía, paciencia y una alimentación correcta (aunque esto hay días que me cuesta demasiado y caigo en la tentación. De hecho llevaba un par de semanas que no podía evitar tomar chocolate, y cuanta más leche y azúcar llevara, mejor. Con el chocolate negro sin azúcar de siempre no tenía ni para empezar. Ahora es lógico pensar que era, precisamente, porque iba a venirme la regla).

Pero la recompensa de hoy hace que retome de nuevo el camino con más ganas.

Hoy he estado hablando de esto con alguien y he recordado a la cantidad de médicos que he visitado durante los últimos doce años, y con este nuevo pequeño-gran logro veo una vez más lo equivocados que estaban todos esos batas-blancas. Rectifico, más que equivocados, es que no tenían ni querían tener idea absolutamente de nada. Empecé el tratamiento actual con tres medicamentos: metformina, progesterona en pastillas, y Proscar para mantener el pelo sobre mi cabeza. Esos son los medicamentos que todos estos médicos me habían ido recetando y habían logrado mantener el caos ordenado que era mi cuerpo. Obviamente sin reglas naturales.

La metformina fue lo primero que quitó mi actual médico. En la primera visita. Fuera. Es un medicamento para diabéticos, ¿acaso lo eres tú?, me dijo. “Todavía” no.

La progesterona en pastillas me la quitó poco después, porque me provocaba sangrados artificiales y lo que buscamos son reglas naturales.

El Proscar es más delicado. Si hay algo que no soportaría sería quedarme calva, y entonces me darían igual reglas, bebés, salud y todo. Así que he pasado de tomarlo todos los días a tomarlo dos veces por semana y ahora sólo una vez a la semana. De momento el pelo sigue en su sitio.

Y ahora tengo una segunda regla en menos de un año (a los 8 meses concretamente). Conforme me he ido quitando medicamentos, he ido mejorando hasta el día de hoy. ¿Acaso no es un resultado palpable? Quizá tenga que comerme mis palabras y mis conclusiones si no vuelvo a ovular nunca o de nuevo en varios años, pero de momento no hay nada que me diga que el camino recorrido desde hace un año hasta ahora haya sido equivocado. El tiempo lo dirá, como pasa con todo en esta vida.

Ahora, me voy a disfrutar de mi pesadez de vientre y de piernas, y voy a meterme en el sofá a ver la tele con mi gato. Sólo tengo ganas de eso, de estar quietecita y calentita. Qué sensaciones tan nuevas para mí, y tan maravillosas. Tener la regla es un regalo. Es un síntoma de que todo por aquí dentro está empezando a funcionar bien.

Progresos

Lo primero, dar las gracias a todas las que me leéis, escribís y animáis. No sabéis lo que me alegra.

Comenté en mi último post que no siempre soy estricta con la alimentación. No siempre se puede, es duro. No obstante, estoy contenta porque la constancia con la acupuntura y la homeopatía vuelven a dar resultados. Estoy notando ciertos signos propios de un síndrome pre-menstrual. Ha habido veces que me he imaginado dolores abdominales o signos similares. Pensaba que eran ciertos pero no eran más que fruto de mi continúa auto-observación por la preocupación y el anhelo de que la regla hiciera su aparición de nuevo.

Sin embargo ahora parecen reales. Aún así no quiero hacerme muchas ilusiones y aplicar un principio contable muchas veces adecuado para la vida diaria ( o viceversa): el de la prudencia, y no contabilizar el ingreso hasta haberlo obtenido realmente. Los gastos ya los contabilizo yo solita antes de pagar…

Es decir, que hasta que no venga, no le voy a hacer ninguna fiesta de bienvenida. Vuestros ánimos ya me garantizan la alegría cada vez que un comentario me llega a este blog. GRACIAS.

Últimamente, gracias al apoyo que he sentido por parte de todas las que me leéis, me he puesto especialmente estricta con la alimentación y rápidamente he perdido 1 kg. Incluso voy menos al baño (en mi caso voy excesivamente al baño, lo cual indica un anormal funcionamiento del riñón, que es un síntoma normal del síndrome metabólico. No quiere decir que a todas os tenga que pasar lo mismo, de hecho puede que muchas vayáis normal o estreñidas).

Todo iba perfecto pero he pasado un par de días de nervios por otras causas, y hoy necesitaba glucosa, así que me he pasado con picoteos y con pan blanco de trigo normal. No es preocupante, sólo que me ha llamado la atención el efecto que tiene estar preocupada o nerviosa sobre la necesidad que tenemos de comer hidratos de carbono. Es normal, como he dicho anteriormente, no voy a sentirme culpable, es mi cuerpo el que me exige los hidratos de carbono, y cuando hay problemas o se pasan nervios, es más difícil mantenerse firme.

Lo que voy a hacer: solucionar los problemas, volver a estar tranquila, y mañana otra vez una alimentación correcta. Aunque de momento la regla no aparece. Os informaré de los progresos. Escribir el blog me anima a mantenerme más fuerte.

SOY MUJER

Por el título parece una reivindicación como cualquier otra. Pero en este post quiero hacer un especial intento para expresar todo lo que siento como mujer por lo que me es negado.

Obviamente todas las personas con mayor o menor fortaleza mental desean ser atractivas físicamente: no voy a hablar de un mero deseo de sentirse una mujer atractiva. Hablo de a necesidad imperiosa de ser una mujer y sentirse como tal.

Y los síntomas de esta enfermedad sacuden lo más profundo del alma de una mujer. A saber, entre mil más: calvicie, obesidad, exceso de vello por el cuerpo, ausencia de reglas, problemas para ser madre… Todo lo que nos define nos es negado.

Cuando bajo una potente luz frente al espejo del baño nos vemos el exceso de vello por la barbilla y el cuello, incluso bajo las orejas, en los pechos, o en la línea alba… nuestro interior grita: ¿por qué?

Cuando seguimos un régimen tras otro sin apenas resultados y nuestra barriguita sigue lozana y contenta en su mismo sitio, especialmente ese exceso de grasa sobre el ombligo, cuando  nos vemos en fotos o a lo lejos nuestro reflejo orondo después de luchar tanto… nuestro interior grita: ¿por qué?

Cuando de nuevo bajo la potente luz del baño nos miramos el cuero cabelludo y vemos que empieza a clarearse de un modo insoportable, y que cada vez que nos lavamos el pelo quedan más mechones entre nuestras manos que sobre nuestra cabeza… nuestro interior ya no puede ni siquiera gritar.

Y si, además de todo eso, deseamos ser madres y no podemos…

No es un cáncer, ni un ictus, ni una leucemia, ni un ataque al corazón… no, por supuesto que no.

Pero somos gorditas, perdiendo el pelo en la cabeza a la vez que nos salen incómodos pelos por todas partes, incluso con granitos, y con problemas para la maternidad. Los síntomas de esta enfermedad nos dan en todos los pilares de lo que significa sentirse mujer, con su feminidad y su sexualidad. La autoestima, por fuerte que fuera, comienza a ahogarse…
Esa sensación amarga es al mismo tiempo nuestra fiel compañera, siempre está con nosotros: es un sentimiento que se acuesta con nosotras todos los días y se levanta con nosotras también. Está ahí cada vez que nos miramos a un espejo, cada vez que vamos a comprar ropa nueva… Está ahí cada vez que un hombre nos mira.

Cuando empecé a perder el pelo no quería salir de casa. Sólo lloraba. En el trabajo iba a esconderme en el baño para poder llorar. ¿Cómo era posible para una mujer perder el pelo de la cabeza (¡¡¡mis maravillosos rizos!!!) y que a la vez me saliera más vello por los pechos, por la barbilla? ¿CÓMO? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ A MÍ? ¿ES QUE MAÑANA VOY A LEVANTARME CONVERTIDA EN UN TÍO?

Pero no, somos mujeres. Intento pensar que todos esos síntomas que hacen que me sienta como un patito en medio de cisnes se irán algún día, pero es probable que no sea así. Entonces, lo que intento hacer es fortalecer mi carácter para que el dolor que esos síntomas me producen me haga un poco menos de mella.

Nunca me he encontrado con ninguna otra mujer que padezca lo miso que yo a mi nivel de gravedad. Siempre he sido “diferente”, y en realidad con este blog también pretendo encontraros para poder compartir experiencias… quizá vosotras que me leéis tampoco encontréis a nadie que os pueda entender realmente. ¡Aquí estoy!

Siempre en la misma piedra

Es Navidad. Qué bien. Sé, lo sé todo, pero aún así, veo algo dulce y me lo tengo que comer. Antes me sentía muy culpable porque pensaba que era MI CULPA. Ahora sé que es mi organismo mal regulado el que me pide hidratos de carbono a gritos, y si puede ser de dulces más chocolateados y de azúcares más refinados, mejor.

Durante mucho tiempo pensé que el saber que me jugaba la salud era suficiente para vencer esa tentación, pero luego me di cuenta de que esa motivación no bastaba: mi organismo ya estaba haciendo que tuviera que luchar contra él. Todavía no he conseguido vencer en esa guerra, o al menos no siempre. No es falta de fuerza de voluntad: ya no quiero aceptar que todo en la vida es esfuerzo y sacrificio, ése es un lema del pasado, de nuestros abuelos. Pero de momento es lo único que encuentro, y muchas veces me pierdo.

Seguro que os pasa lo mismo. Lo más importante es saber que vosotras NO SOIS LAS CULPABLES, eliminad ese odioso sentimiento de culpa que siempre nos acompaña porque no tenemos la culpa.

Pero eso sí, luchar, tenemos que luchar. Nos ha tocado eso. Pero ojo, nada de victimismos: a otros les toca esclerosis lateral amiotrófica (no es que lo compare, sólo pongo un ejemplo contundente) así que nosotras tenemos que luchar, vale, pero siempre con la sonrisa lo más grande posible.